SAN JOSÉ MARÍA ROBLES HURTADO
Sacerdote, Escritor, Fundador y Mártir.
Nació el 3 de mayo de 1888 en Mascota, Jalisco, en una familia cristiana. Desde pequeño mostró una fuerte inclinación hacia la fe y la oración. Su vocación sacerdotal surgió tras unas misiones populares que despertaron en él el deseo de servir a Dios.
Ingresó al Seminario de Guadalajara en 1901, destacando por su dedicación al estudio y su disponibilidad para el servicio. Sus compañeros lo apodaron “el loco del Sagrado Corazón” por su fervor religioso.
Fue ordenado sacerdote el 22 de marzo de 1913 y celebró su primera Misa el 2 de abril en Mascota. En 1916 fue enviado a Nochistlán, Zac., como vicario donde comenzó a soñar con fundar una congregación.
El 27 de diciembre de 1918, con autorización del Obispo Francisco Orozco y Jiménez, fundó la Congregación de Víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús, hoy Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado. Su objetivo era y sigue siendo que Jesús reine en el mundo a través de la Eucaristía.
Utilizó la prensa y la literatura para evangelizar. Sus escritos incluían oraciones, poemas y artículos religiosos. Uno de sus poemas más conocidos es a la Virgen de Guadalupe.
Durante la Guerra Cristera (un conflicto armado entre el gobierno mexicano y los católicos llamados Cristeros que se desarrolló entre 1926-1929), el gobierno exigió el registro de sacerdotes y se prohibieron los cultos religiosos. El padre Robles consagró su parroquia de Tecolotlán, Jal., al Sagrado Corazón de Jesús y colocó una cruz en la cima de una colina, lo que provocó su persecución por considerarlo una rebeldía. Tuvo que ocultarse en diferentes casas. Algunos le sugirieron que saliera del país para protegerlo y él contesto: “no es pastor quien abandona su rebaño”.
Fue arrestado mientras se preparaba para celebrar la Misa. Lo llevaron a la Sierra de Quila, donde fue ahorcado de un roble. Antes de morir, perdonó a sus verdugos y expresó su amor al Corazón de Jesús.
Fue canonizado por San Juan Pablo II el 21 de mayo de 2000 junto con San Cristobal Magallanes y compañeros. Hoy, su congregación sigue evangelizando en México, EE.UU., Perú y Angola, llevando el amor del Corazón de Jesús al mundo.
“Quiero amar tu corazón Jesús mío, con delirio;
quiero amarte con pasión,
quiero amarte hasta el Martirio …
Con el alma te bendigo
mi Sagrado Corazón;
dime: ¿se llega el instante
de feliz y eterna unión?.
Tiéndeme, Jesús, los brazos,
pues tu “pequeñito soy”;
de ellos, al seguro amparo,
a donde lo ordenes, voy…
al amparo de mi Madre
y de su cuenta corriendo
yo, su “pequeño” del alma,
vuelvo a sus brazos sonriendo.
Un Padre, espera a sus hijos,
a todos, allá en el Cielo”.
El 27 de diciembre de 1918 nace la Congregación con el nombre Víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús, respondiendo al llamado de evangelizar teniendo como centro el Corazón de Jesús en la eucaristía.
La primera comunidad surge en Nochistlán, Zacatecas, atendiendo enfermos en casa, huérfanos y catequesis. La persecución religiosa las obliga a dispersarse en 1926.
A pesar de las dificultades, la Congregación crece con colegios, hospitales y misiones en Jalisco, Aguascalientes, Ciudad de México y San Luis Potosí.
El 27 de diciembre de 1918, con autorización del Obisco Orozco y Jímenez, fundó la Congregación de Víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús, hoy Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado. Su objetivo era y sigue siendo que Jesús reine en el mundo a través de la Eucaristía.
El Concilio Vaticano II impulsa a toda la iglesia a abrir puertas y ventanas al mundo y preparar una “Nueva Primavera”. La congregación responde con una apertura al mundo fundando nuevas misiones y adaptándose a los signos de los tiempos. En 1963, reciben la Aprobación Pontificia y cambian su nombre a Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado
La Congregación responde con valentía, llevando su misión a Angola, Perú y Estados Unidos, sirviendo a los más vulnerables
El 21 de mayo de 2000, San José María Robles es canonizado, confirmando su testimonio de fe y martirio para la Iglesia Universal.
Se celebraron los 100 años de historia, fieles al carisma, siendo una Congregación en salida y samaritana, respondiendo a los desafíos actuales.
Seguimos a Jesús que ama con preferencia a los pobres y marginados de su pueblo, quien anuncia la Buena Nueva del Reino, que invita a vivir las Bienaventuranzas.
Por nuestro carisma, tenemos como fin la extensión del Reinado de Amor del Corazón de Jesús en la Eucaristía, por la ofrenda de nosotras mismas, como “hostias vivas”, unidas a la oblación que Jesús, Sacerdote y Víctima, hace al Padre en el Santísimo sacramento, por toda la humanidad.
Nuestra espiritualidad está sostenida por cinco grandes columnas:
Este amor nos lanza a construir la comunión entre los hombres, en servicio eclesial y evangelizador, desde la compasión y la misericordia. Servicio que ofrendamos en sinodalidad, anunciando las Buenas nuevas con esperanza y Amor.
Extender el Reinado de Amor del Corazón de Jesús en la Eucaristía mediante la ofrenda de nosotras mismas, sirviendo en la pastoral de salud, educativa, parroquial y misionera, con especial atención a los más necesitados. En sinodalidad con laicos, colabores y jóvenes, nos comprometemos a construir la comunión en servicio eclesial y evangelizador, para lograr una humanidad más justa desde los valores del Evangelio.
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Servimos con ternura, compartiendo el sufrimiento de quienes más lo necesitan.
Reflejamos el amor incondicional de Cristo en nuestras acciones y palabras
Abrimos el corazón a todos, creando un ambiente de comunión y amor fraterno.
Reconocemos la dignidad de cada persona, reflejo del amor de Dios.
Escuchamos y comprendemos las necesidades del prójimo, sirviendo con amor.
Caminamos junto a los más necesitados, promoviendo una humanidad más justa.
Valoramos las diferencias, construyendo comunión desde la diversidad.
Reconocemos con sinceridad nuestras limitaciones y nos disponemos a servir a los demás, confiando en la gracia de Dios.
Tratamos a los demás con amor y respeto, reflejando la bondad de Dios en nuestras acciones.
Nos disponemos desde el corazón y la mente para servir a Dios y a los demás con amor y generosidad.
Los colaboradores que trabajan en nuestras instituciones de salud, educación y misiones son parte fundamental de nuestra misión. Más que colaboradores, son compañeros en la evangelización, formados en nuestros valores para vivir la espiritualidad en su entorno laboral y personal. Nos interesa su crecimiento integral, por lo que promovemos su desarrollo humano fortaleciendo su fe y compromiso.
Creemos que su labor trasciende, impactando no solo a quienes servimos, sino también en su entorno. Por ello, procuramos que su trabajo sea una fuente de bienestar y que su servicio refleje el amor de Cristo.
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Todo por el Corazón Eucarístico de Jesús, todo por Él eternamente
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